lunes, 6 de octubre de 2014

Aumenta la crisis del Athletic

REAL MADRID 5-0 ATHLETIC CLUB

















Lo cierto es que en cuestión de un puñado de segundos se desvaneció todo atisbo de incertidumbre, si es que cabía que la opción de aplazar lo inaplazable, de que el cronómetro avanzase con el marcador intacto, y por supuesto se esfumó cualquier esperanza. Tan solo un par de minutos tardó en producirse el gol del Madrid y en ese instante el temor a un marcador de escándalo planeó sobre un Athletic que entró en el Bernabéu con la cabeza gacha, como si no se creyese en absoluto ser capaz de frenar la previsible avalancha de su rival. El 1-0 nació de la desatención de Muniain, que ya había consentido un primer avance de Carvajal y asistió con la mirada al segundo, que derivó en un centro de Bale culminado por Cristiano en el segundo palo, demasiado solo.
La ausencia de tensión fue una constante en el proceder de los rojiblancos, que en última instancia evitaron un mayor castigo debido a las ansias rematadoras de los madridistas, que se hartaron de caer en posición ilegal. Bueno, y gracias asimismo a Iraizoz, que realizó no menos de media docena de intervenciones de gran mérito, alguna inverosímil para responder a intentos a bocajarro de Cristiano o Bale. Fue un paseo para el Madrid, que no necesitó pisar a fondo el acelerador para aflorar las miserias de un Athletic apenas correcto posicionalmente, muy contemplativo en el cuerpo a cuerpo y sobre todo flojísimo con la pelota, a día de hoy un objeto extraño en las botas rojiblancas.
Cerca del descanso, con un solitario remate de Muniain que repelió Casillas y varios córners desperdiciados de modo irritante, el Madrid obtuvo el segundo en acción de estrategia. Pudo mediar falta sobre Gurpegi, pero era la ventaja mínima a que se había hecho acreedor el anfitrión, que en la reanudación desplegó su catálogo de virtudes a placer. Un ratito resistió el Athletic a la vuelta de vestuarios, tocó algo y se desplegó una pizca. Se diría que enfrente estaban emboscados, dejando que los rojiblancos creyesen que se podía visitar a Casillas para explotar los espacios porque de repente entre Benzema, Bale y Cristiano montaron una contra y metieron el cuchillo hasta el fondo.
A partir de ahí, más de lo mismo. Ibai puso el único contrapunto, a servicio de Susaeta, permitiendo al meta local demostrar que nunca se desconcentra, y hasta la conclusión se asistió a un recital de acciones de ataque del Madrid que a modo de triste consuelo confirmó que el error de Iraizoz en Vallecas fue simplemente un accidente. Si no es por él, hoy se estaría hablando de una paliza sonrojante. Bueno, bastante doloroso fue ver al Athletic tripa arriba, despejando a tontas y locas, apelotonado en su área a veces, no sabiendo qué hacer para parar la sucesión de arrancadas y fintas que tanto deleite causaron en las henchidas gradas del Bernabéu. Cayeron el cuarto y el quinto, con la mano este último, para mayor escarnio. Pero daba igual, el Athletic abandonó el campo aturdido por el correctivo, hundido tras una nueva exhibición de impotencia.

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